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"La aspiración es conquistar lo cotidiano (…) Los discapacitados no queremos privilegios, sólo que no se nos discrimine. Si pasamos desapercibidos es señal de que estamos integrados".
Entrevista a Gonzalo Rivas
Director General de Personas con Discapacidad
publicada en El País 01/02/2010.
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EDITORIAL |
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¿Hay una hoja de ruta?
A estas alturas ya nadie discute que la crisis económica está pasando factura a aquellas personas con mayores dificultades de acceso al empleo. INFO UNOMAS no suele hacer concesiones al pesimismo ni acostumbra a poner el acento en la queja sistemática. Los lectores saben que la “marca de la casa” es el optimismo, la búsqueda de soluciones, crear complicidades y buscar beneficios para todos.
Y, en este número, estimado y amable lector, tanpoco vamos a defraudarle.
Pero la visión positiva y la ilusión por progresar no están reñidas con la realidad: al contrario. Dicen los sabios que el primer paso imprescindible para superar un problema es reconocer que existe.
El Servicio Público de Empleo Estatal (antiguo INEM) ha reconocido que la contratación de las personas con discapacidad ha descendido un 11,4 % en 2009 con respecto a 2008, que ya fue un año malo. Se aprecia también un empeoramiento en la calidad del empleo, en el último año, para estas personas: la caída de los contratos indefinidos para trabajadores con discapacidad es de un 28% y la de conversión en indefinidos de un 21%. La conclusión es clara: hay mayores dificultades para el acceso al empleo de trabajadores con discapacidad y, además, su situación en el mercado de trabajo se precariza.
La Inspección de Trabajo y Seguridad Social, por su parte, mantiene estables, en los últimos seis años, sus actuaciones en las empresas para verificar el cumplimiento de la cuota de reserva del 2% de las plantillas: 2.343 actuaciones en el año 2004 y 2.747 en 2009. Aunque el número de infracciones detectadas se ha multiplicado, pasando de 27 a cerca de 350 en el mismo período. También aquí los datos son concluyentes: o bien la Inspección hace una labor más selectiva e intuye dónde puede haber irregularidades o, por el contrario, la concienciación en materia de integración laboral no ha calado lo suficiente, por decirlo de una forma amable, y las empresas no se la toman en serio.
Y que conste que este no es un fenómeno exclusivo del mercado español: El estudio que ha realizado la prestigiosa Universidad DePaul de Chicago (EE.UU) sobre la integración laboral de las personas con discapacidad física, sensorial, intelectual o con enfermedad mental, llega a la conclusión de que los trabajadores con discapacidad tienen una productividad igual o mayor que la media; pero, sin embargo, las empresas estadounidenses son reticentes ante el temor a la baja productividad o a inversiones excesivas en adaptaciones o accesibilidad. Y a parecidas conclusiones han llegado en la Universidad de Western Sidney, de Australia, donde los empresarios, a pesar de existir una gran cantidad de puestos de trabajo sin cubrir en el país, se resisten a contratar y consideran la discapacidad como objeto de la filantropía.
En el caso español, y con esto acabo la fase catastrofista de estas líneas, en el supuesto de no cambiar el marco general, que hoy se apoya en la Ley para la Integración Social del Minusválido, LISMI, (¡de 1.982!) para conseguir una inclusión plena, válida para la competitividad y para el desarrollo de las personas, nos podemos encontrar con que se estanque la contratación a causa de la reducción del número de empresas con más de 50 trabajadores: Aunque es cierto que el deterioro del empleo ha afectado tanto a las grandes empresas como a los autónomos (curiosamente las PYMES familiares están resistiendo mejor), está comprobado que las nuevas empresas se estructuran con un número más reducido de trabajadores y con un alto grado de externalización.
Y, además, en estos momentos “delicados” no tenemos el viento favorable de la moda de la Responsabilidad Social Corporativa (¿se acuerda?). Hace escasamente tres o cuatro años las grandes empresas y muchas medianas rivalizaban en la implantación de planes de acogida, conciliación laboral y familiar e igualdad de oportunidades. Y, de pronto, la carroza se ha convertido en calabaza y los “valores corporativos” se han esfumado dejando paso al “sálvese quien pueda”. Sin embargo, hay que reconocer que las empresas que habían hecho sus deberes y se lo habían creído de verdad están sufriendo menos con la crisis, tienen equipos humanos más cohesionados e implicados y están en la primera línea de salida para el nuevo escenario que, tarde o temprano, llegará.
Un día nos ocuparemos de algunos de estos casos de verdadero éxito.
Y también habrá que analizar un día por qué otra materia que hace 25 años (menos de los que tiene la LISMI) era tabú y se veía imposible, como es la concienciación medioambiental sobre los residuos industriales y domésticos, ha logrado la mayor parte de sus objetivos y hemos visto hasta desaparecer las bolsas de plástico de los supermercados, y en cambio, con todo el respeto para las focas y para los mandriles, tratándose del trabajo que normaliza la vida de las personas con discapacidad, hemos cosechado un fracaso reconocido por todos. En el caso del reciclaje y la depuración de aguas, sí que han funcionado la sensibilización, los estímulos y el régimen sancionador…
Pero (ahora llega la parte positiva), lo importante es que en estos momentos tenemos sobre la mesa algunas oportunidades que no podemos dejar escapar:
Se está negociando una reforma laboral y hay que aprovechar para sentar las bases de un auténtico salto de calidad para que los trabajadores con discapacidad no se queden descolgados de la recuperación económica y tengan las mismas oportunidades que los demás. Y ello se puede lograr con ayudas económicas y con un modelo de contratación que sea flexible y muy compatible con las prestaciones contributivas y con las no contributivas. Y las comunidades autónomas – presentes en la Conferencia Sectorial que fija los objetivos de la Inspección de Trabajo – pueden ayudar intensificando la información y, también, la inspección sobre el cumplimiento de la Ley.
Mientras la sociedad siga discriminando a los trabajadores con discapacidad, será misión de los legisladores, de las administraciones y de patronales y sindicatos hacer una discriminación positiva para corregir este desequilibrio del mercado de trabajo.
En un sentido parecido, El CERMI (Comité español de representantes de personas con discapacidad) ha presentado una serie de medidas a incorporar a la Ley de Economía Sostenible para incluir cláusulas sociales en los contratos y concursos de las administraciones públicas que favorezcan a los Centros Especiales de Empleo y que exijan acreditar el cumplimiento de la LISMI a las empresas contratistas.
En resumen, en mi opinión, hace falta: Premiar con prestigio social a las empresas que hacen integración, darles facilidades para contratar con las administraciones y ofrecerles bonificaciones para contratar trabajadores con discapacidad; vigilar más a las que no cumplen; revisar a fondo el modelo de empleo protegido, ayudar a las entidades que soportan el peso de la integración laboral de las personas con discapacidad y, por último, diseñar una estrategia que sea útil para las medianas y las pequeñas empresas, que son las que concentran el 80% de empleo en España.
Andreu Cruañas
Secretario general de la FUNDACIÓN EQUIPARA |
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Inditex abrirá un nuevo 'outlet' atendido por discapacitados |
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La tienda se engloba en el proyecto For&From de la cadena, destinado a la inserción de colectivos con dificultad. La empresa gallega colabora con la Universidad de Dhaka
Los outlet ya no son sólo tiendas en las que dar salida a productos de otras temporadas. Los locales de oportunidades han ganado peso al mismo ritmo que han ido vaciándose los bolsillos de los consumidores. Y las cadenas de distribución no viven al margen de la realidad.
Uno de los próximos outlet vendrá de la mano de Inditex. Pero será una iniciativa diferente. La cadena de Arteixo va a abrir a finales de año en Elche (Alicante) su primera tienda de oportunidades de Tempe, la empresa que se encarga de fabricar los complementos para todas las cadenas de la firma gallega, como Zara, Massimo Dutti, Pull & Bear o Bershka. Un local que estará englobado dentro de For&From, el proyecto con el Inditex busca facilitar la inserción laboral de colectivos con dificultades de integración. El establecimiento estará situado en el Parque Industrial de Elche, y según el edil de Urbanismo y vicepresidente de Promociones e Iniciativas Municipales (Pimesa), Alejandro Pérez, tendrá en plantilla a cinco empleados con discapacidad. El outlet de complementos de Elche será el cuarto establecimiento del proyecto For&From. El origen de esta iniciativa data de 2001 cuando Inditex contactó con la Fundació Molí d'en Puigvert para poner en marcha un establecimiento de la cadena Massimo Dutti atendido por personas con trastornos mentales severos (TMS). Inditex apunta que los locales de productos de temporadas anteriores a precios asequibles permiten un tráfico comercial acorde al proyecto. For&From cristalizó un año después con una tienda de oportunidades de Massimo Dutti en Palafolls (Barcelona), donde actualmente trabajan 11 personas con discapacidad. Inditex apunta que estos empleados de Massimo Dutti en Palafolls lograron mejorar su salud, con reducciones en sus niveles de medicación y una importante disminución de sus ingresos hospitalarios. Pero también tiene resultados positivos desde el punto de vista económico. Según la última memoria de Inditex, la tienda de Palafolls logró en 2008 una cifra de ingresos superior a los 700.000 euros.
El local de Palafolls de For&From Special People respondió a las expectativas e Inditex decidió ir más allá. Esta vez en Galicia. También a través de Massimo Dutti y en colaboración con la Confederación Galega de Persoas con Discapacidade (Cogami), abrió en Allariz (Ourense) un establecimiento donde cuenta en plantilla con cinco personas con minusvalías físicas. Pero esta vez se trata de una tienda muy diferente porque con ella pretendió poner las cosas también más fáciles para los clientes con discapacidad haciéndola más accesible. En esta tienda, Inditex ha puesto a la venta una línea de productos cosméticos, etiquetados en Braille. Un porcentaje de las ventas se destinan al proyecto Ágora, que desarrolla la ONCE en Latinoamérica. El local gallego también cuenta con una biblioteca especializada en temas sociales, así como con un aula de cultura con el que Inditex busca difundir y promover distintas causas sociales. La última tienda de For&From se abrió en 2008, de nuevo en la localidad barcelonesa de Palafolls. Pero esta vez se trata de un local de la cadena Bershka. En ella también colabora con la Fundació Molí d'en Puigvert, gestionada por personas con trastornos mentales severos.
La empresa gallega colabora con la Universidad de Dhaka.
A veces la colaboración viene de lejos. El grupo textil gallego acaba de llegar a un acuerdo con la Universidad de Dhaka. Situado en Bangladesh, el centro educativo colaborará con Inditex e incorporará graduados para que trabajen temporalmente en el departamento de responsabilidad social corporativa (RSC) de la multinacional.
La Universidad de Dhaka apunta que será Inditex la que se encargue de seleccionar a los candidatos y que éstos llevarán a cabo su trabajo en distintos países. Además, el acuerdo deja la puerta abierta a futuras colaboraciones en otros ámbitos. Inditex ya estaba presente en el país asiático, por ejemplo, a través de la colaboración con otras organizaciones como BGMEA. Sólo en Dhaka, el 12% de los empleados del sector textil trabajan en 34 proveedores de la empresa española en ese país.
El grupo ya tiene tres locales donde emplea a personas con discapacidad
Fuente: Cinco Días 01/02/2010 |
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La crisis hunde el empleo para los discapacitados |
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«Si sé que eres discapacitado, ni pierdo el tiempo»
Hace una semana, Pablo Pineda pisó la alfombra reservada a las estrellas del cine en la entrega de los premios Goya. Este joven con síndrome de Down se quedó a las puertas de conseguir el galardón como mejor actor revelación. Sólo un año antes, a Juan Manuel Montilla, El Langui (cantante de hip hop, autor de un podcast y escritor), su parálisis cerebral no le impidió ganar dos estatuillas del Goya.
Son dos ejemplos de superación, pero también son la excepción. La mayoría de los rostros de la discapacidad tiene otra suerte. Marcos es uno de esos miles de personas que busca empleo en medio de una crisis económica que se ceba con este colectivo. "Sólo quiero trabajar, de lo que sea", clama. Si en épocas de bonanza las personas con discapacidad ya tienen problemas para encontrar trabajo, durante la crisis su contratación ha caído en picado y acceden sólo y apenas a puestos poco cualificados.
Sólo en 2009, el número de contrataciones de este colectivo descendió un 15%. Un porcentaje que ha provocado que su tasa de paro sea cuatro veces superior, según datos de la Confederación Española de Personas con Discapacidad Física y Orgánica (COCEMFE). La inserción laboral es todavía más complicada cuando el candidato sufre una discapacidad intelectual: el porcentaje de desempleados aumenta hasta el 60%. Ni siquiera el progresivo incremento de empleo público durante los últimos años ha conseguido reducir el impacto de la crisis en uno de los colectivos más vulnerables. En 2009, las plazas reservadas para trabajar en la Administración ascendió hasta 382 (103 para trabajadores con discapacidad cognitiva), según los últimos datos del Ministerio de Presidencia. "España está a la cabeza en materia legislativa, pero hace falta que las leyes se cumplan. El aumento en la reserva de plazas es una declaración de intenciones, ya que se aprueba sólo el 3% de los puestos", asegura el presidente de COCEMFE, Mario García.
La mayoría de estas plazas pertenecen a la Administración General del Estado y a Justicia, y se corresponden con los grupos de funcionariado de menor cualificación. El esfuerzo por ampliar la oferta pública a las personas con discapacidad se realiza a distintas velocidades. El último avance lo ha dado este mes el Ministerio de Educación, que incorporará cláusulas sociales para facilitar que estas personas accedan a los concursos o contratos públicos más allá del mínimo del 7% establecido por ley. Navarra también ha ido más allá al obligar a reservar el 6% de los contratos públicos a empresas sociales, como Centros Especiales de Empleo. Las posibilidades de inserción laboral son aún más reducidas para quienes padecen discapacidad intelectual, con un 60% de desempleo.
De los casi cuatro millones de discapacitados que hay en España, 230.000 tienen una deficiencia cognitiva. Alrededor de 50.000 pueden desempeñar un empleo, pero no es fácil: sólo 5.000 de ellos trabajan actualmente en alguna empresa y otros 10.000 en Centros Especiales de Empleo, gestionados por ONG, según datos de la Federación en favor de Personas con Discapacidad Intelectual (FEAPS). Marcos se ha propuesto un nuevo reto: prepararse para unas oposiciones a ordenanza en el Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes (Madrid), donde reside. La labor de las ONG en este sentido es crucial. Marcos ha alcanzado sus últimos trabajos a través de la bolsa de empleo de la Asociación Apadis, una entidad que ayuda a las personas con discapacidad intelectual.
"En épocas mejores, los empresarios eran más sensibles, pero con la crisis se ha resentido mucho", critica el vicepresidente de la Asociación para el Empleo de Personas con Discapacidad Intelectual (AFEM), Roberto Álvarez. "A los empleadores les importa la estética y demandan trabajadores cuya discapacidad no se note a simple vista", denuncia. Otro de los prejuicios que soportan las personas con discapacidad intelectual es que no pueden desempeñar trabajos físicos. Marcos quiere ser ordenanza municipal. "Si me hubieras dicho desde el principio que eras discapacitado, no hubiéramos perdido el tiempo". Ni siquiera un: "Ya le llamaremos". Esta fue la despedida que recibió Alberto Buele después de una entrevista para trabajar como grabador de datos.
Asegura que su respuesta del joven de 24 años fue tajante: "¿Si su hijo fuera discapacitado le hubiera dicho lo mismo?". Desde este episodio y para evitar situaciones desagradables, Alberto siempre incluye en su currículo que tiene un certificado de discapacidad de un 77%. Perdió su trabajo en septiembre de 2009 cuando, después de pasar por una operación y estar tres meses de baja, le dijeron que no le renovaban el contrato. "Fue un golpe muy duro, no me lo esperaba", admite. Alberto empezó a buscar trabajo en noviembre y aún no ha tenido ni siquiera una entrevista. "He buscado por todas partes: en tiendas, hoteles, en correos, incluso de mozo de almacén", cuenta.
Piensa que su condición de discapacitado influye en que los empresarios le rechacen a la hora de cerrar la contratación. "Al principio doy buena impresión, pero cuando tocas el tema, miran para otro lado y te dicen: 'Ya te llamaremos'", denuncia. Y añade: "Lo que más deseo es encontrar un trabajo, de lo que sea, para olvidarme de la enfermedad y sentirme útil". Este joven de origen ecuatoriano, que lleva desde los 15 años en España, recuerda que no siempre ha sido igual. Durante años, Alberto ha Alberto Buele busca trabajo desde hace meses.
Fuente: Público 21/02/2010
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¿Discapacitados? No,ciudadanos |
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El derecho a convivir Metamorfosis de la mirada
Felizmente, estamos asistiendo a un cambio histórico en la visión de la discapacidad. Ahora entendemos que este es un fenómeno común en nuestra vida, que todas las personas conoceremos la discapacidad, sobre todo en la ancianidad.
De hecho, la reciente encuesta del INE sobre discapacidades refleja que la mayoría se manifiesta en las personas de edad. Ha dejado de ser un problema de algunos para convertirse en algo que afectará a toda la ciudadanía. Esta perspectiva contribuye además a entender la discapacidad como algo natural, y no como una desgracia personal. Nos ha faltado tradicionalmente la interpretación de qué tiene que ver la sociedad en todo esto. Quizá sea esta la reflexión pendiente.
La discapacidad no la veríamos entonces como algo que ocurre a la persona solamente, sino como el resultado de la interacción entre las limitaciones humanas y el medio en el que nos desenvolvemos... "Si no puedo entrar en mi ayuntamiento, ¿dónde está la discapacidad, en mi movilidad reducida o en que nadie ha previsto que algunas personas nos tenemos que desplazar en silla de ruedas?". Es evidente que si la sociedad estuviera preparada para algo tan sencillo como albergar las necesidades de todas personas que viven en ella, los mayores no tendrían que quedarse en casa porque habría ascensores; los jóvenes con limitaciones encontrarían empleo porque habría puestos de trabajo accesibles; los niños no tendrían que ir a colegios especiales porque los centros contarían con apoyos a la diversidad.
Lo habitual sería que todos entráramos por la misma puerta, porque su anchura y la rampa permiten el acceso universal... Esto, que parece un mundo ideal, es posible. Sólo falta cambiar nuestra mentalidad y eliminar las barreras psicológicas que nos hacen ver al otro como diferente. La Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad también ofrece una oportunidad de superar la mentalidad compasiva, abriendo paso al ejercicio pleno de ciudadanía.
Cada ser es portador del derecho a vivir en la comunidad con los demás y como los demás, sin ser apartado a entornos de diferentes, a decidir por sí mismo y a equivocarse; a disfrutar de la mayor autonomía para no ser dependiente de otros, a vivir en su propio hogar y no acabar en una residencia contra su voluntad, a tener su intimidad y no recibir el trato como si fuera un menor toda su vida... Todos pueden hacer más de lo que nunca imaginamos.
El único secreto: tener oportunidades.c n los últimos lustros, se ha transformado positivamente la percepción social de la discapacidad. La misma terminología para referirse a este colectivo ha cambiado significativamente. Se han abandonado ya expresiones humillantes y cargadas de prejuicios y se han incorporado vocablos que identifican más exactamente esta realidad. Paulatinamente se está imponiendo un nuevo paradigma ético y antropológico. Se parte de una visión distinta: todo ser humano es un ser vulnerable, pero existen distintos grados de vulnerabilidad.
Toda persona es un abanico de posibilidades, de potencias que, debidamente estimuladas, permiten múltiples desarrollos. Ha caído ese severo muro entre los normales y los anormales, entre los válidos y los inválidos, entre los capacitados y los discapacitados. Desde este nuevo paradigma, se parte de la idéntica dignidad de todo ser humano, de su pleno derecho a vivir conforme a sus valores y opciones fundamentales y, en este sentido, se buscan todos los medios para hacer posible la emancipación social del máximo número de ciudadanos. No es esta una evolución puramente ornamental, sino que expresa un cambio de mentalidad, una metamorfosis de la mirada. Michel Foucault y otros grandes pensadores del siglo XX han tenido una influencia decisiva en este cambio de paradigma, en el modo de acercarse a los grupos más vulnerables y marginados de la sociedad. El autor de la Historia de la locura nos enseña a distinguir entre las palabras y las cosas y cómo las palabras pueden estigmatizar e introducir microfísicas de poder en el seno de la sociedad, falsas jerarquías y clasismos de todo tipo.
Han caído muchos tópicos, prejuicios y preconcepciones negativas y ello no ha sido por casualidad, sino consecuencia directa de la práctica educativa, de la implicación de toda la sociedad para cambiar la visión de este colectivo, pero especialmente de los profesionales y familiares que les cuidan y les defienden. A pesar de todo, subsisten ciertas inercias y actitudes que todavía son difíciles de extirpar del imaginario colectivo. Persiste, calladamente, una tendencia paternalista, una actitud falsamente compasiva y caritativa en el mal sentido de la palabra. Durante la historia de Occidente, ha sido un colectivo marginado, ignorado o, en el mejor de los casos, asistido en el ámbito de la privacidad. Se le ha alejado del mundo de los normales, de la vida colectiva, del ejercicio de la ciudadanía. Afortunadamente, vivimos ya en una sociedad donde se está normalizando su situación, se reconocen sus derechos inherentes y ello tiene repercusiones en todos los planos: en la vida educativa, social, laboral, afectiva y espiritual. Ya no se ve al discapacitado como un puro ser de necesidades, sino también como un ser con posibilidades, con capacidades, con un potencial y una riqueza de recursos para desarrollar y para cultivar. Se está produciendo una metamorfosis que va del paternalismo despótico de signo hipocrático al reconocimiento moderno de la autonomía del discapacitado. Se vela para que tenga su propia vida, para que pueda desarrollarse en el máximo grado, tanto en el orden físico como emocional, social y espiritual.
Esa mirada paternalista, falsamente compasiva, se está transformando y la percepción social ha variado. Aun así, el proceso de normalización en los ámbitos educativos y laborales no está exento de dificultades. La dignidad, como se reconoce en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre (aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en el año 1948), es inherente a todo ser humano por el mero hecho de serlo. Tiene una raíz ontológica. No depende, en ningún caso, de su grado de autonomía mental, ética, funcional, física o emocional. Para que esta metamorfosis de la mirada sea totalmente efectiva es necesario que la sociedad sea porosa a este colectivo, que no lo perciba como un lastre, como una carga o como un peso social o económico, y sea capaz de detectar su potencial laboral y social, creativo y artístico, su capacidad para amar y para edificar una sociedad más noble. Existen instituciones, a lo largo de toda la geografía del país, que no sólo les acogen sino que crean riqueza con los discapacitados físicos y psíquicos, que construyen efectivamente bienes para el conjunto de la comunidad. Es un capital social que tener en cuenta, una fuente de riqueza.
En definitiva, se está produciendo una gran transformación del modelo: el paternalismo fundado en la beneficencia deja lugar al respeto y a la promoción de la autonomía en todas sus formas. Una sociedad decente, desde el punto de vista ético, es receptiva a los ciudadanos más vulnerables que hay en ella y les ofrece posibilidades para hacer realidad sus sueños.
Fuebnte: La Vanguardia 21/02/2010 |
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